Pagar 10.000 € por un CRM que no encaja: cuándo comprar y cuándo construir - PangoStudio

Pagar 10.000 € por un CRM que no encaja: cuándo comprar y cuándo construir

Hay un vídeo circulando estos días grabado en una oficina cualquiera, de esos de equipo comercial haciendo llamadas. En dos minutos pasan tres cosas: descubren que dos comerciales están llamando al mismo contacto porque las listas están duplicadas, uno dice que prefiere trabajar con papel y boli porque el CRM no le sirve, y el jefe suelta la frase del día: pagaron alrededor de 10.000 € por un CRM que al final no se adapta a lo que hacen. Ahora uno del equipo, que es desarrollador, les está montando uno propio.

La escena es reconocible porque se repite en casi cualquier empresa que haya crecido más rápido que sus herramientas. Y detrás hay una decisión que lleva quince años resolviéndose siempre igual —comprar— y que en los dos últimos años ha empezado a cambiar de resultado.

Por qué durante quince años la respuesta fue comprar

La cuenta era sencilla. Construir software a medida costaba meses de un equipo de desarrollo. Comprar una licencia costaba unos cientos al mes y estaba funcionando el martes. Salvo que tu negocio fuera el software, comprar ganaba siempre.

Esa lógica construyó el SaaS tal y como lo conocemos, y en la mayoría de los casos sigue siendo correcta. Nadie debería programarse un gestor de nóminas ni un sistema de facturación desde cero.

Lo que ha cambiado no es el precio de la licencia. Es el precio de la alternativa.

Lo que cuesta de verdad el software a medida

Conviene decirlo antes de que parezca que vendemos la moto: el coste de un desarrollo propio no está en la primera versión. Está en los tres años siguientes.

La primera versión de un CRM interno —contactos, empresas, oportunidades, tareas, un panel— se levanta hoy en semanas en vez de en meses. Eso sí ha cambiado, y mucho. Lo que no ha cambiado es que ese sistema necesita alguien que lo mantenga cuando cambie el IVA, cuando entre un comercial nuevo con otra forma de trabajar, cuando haya que conectarlo con la pasarela de pago o cuando se rompa un jueves a las nueve de la mañana.

Quien te cuente que la IA ha vuelto gratis el software a medida, se está saltando esa parte. Lo que ha hecho es bajar el coste de entrada lo bastante como para que la pregunta vuelva a estar abierta, que no es poco.

Las tres facturas que nadie suma

Cuando se compara una licencia con un desarrollo propio, casi siempre se compara mal, porque del lado de la licencia solo se apunta la licencia. Faltan tres cosas:

Las horas de tu equipo peleándose con la herramienta. Los datos que se meten dos veces, la hoja de cálculo paralela que alguien mantiene a mano porque el sistema no hace ese informe, las listas que se duplican y provocan dos llamadas al mismo cliente. Cuenta esas horas a precio de la nómina de quien las hace y tendrás una cifra incómoda.

La consultoría de implantación. Esos 10.000 € del vídeo rara vez son la licencia: suelen ser la puesta en marcha, la parametrización y la migración de datos. Se pagan una vez y no se recuperan si el sistema no encaja.

Lo que no puedes hacer. Es la más cara y la que no aparece en ninguna factura. Si tu forma de vender es distinta y la herramienta te obliga a venderlo como el resto del mundo, estás pagando por renunciar a lo que te diferencia.

Cuándo comprar sigue siendo lo correcto

En estos tres casos, comprar y no darle más vueltas:

Cuando el proceso es estándar y regulado. Contabilidad, nóminas, facturación electrónica. Aquí quieres que otro se encargue de que el software cumpla la norma cada vez que la norma cambia.

Cuando el proceso no te diferencia. Si tu forma de gestionar los tickets de soporte es igual que la de cualquiera, no hay ventaja que construir.

Cuando no tienes a nadie que lo mantenga. Sin un responsable técnico —de dentro o de fuera, pero con nombre—, un desarrollo propio se convierte en deuda en cuanto la persona que lo hizo se va.

Cuándo empieza a compensar lo propio

Y estas son las señales de que estás pagando por algo que no te sirve:

Usas el 10 % de la herramienta y pagas el 100 %, por usuario y por mes, cada mes.

Tu equipo mantiene hojas de cálculo en paralelo. Esa hoja es la lista de funcionalidades que tu sistema debería tener y no tiene, escrita por la gente que hace el trabajo.

Pediste una personalización y te dijeron que no está en la hoja de ruta. Es decir: tu proceso depende de las prioridades de una empresa a la que le importas lo que le importa un cliente entre cuarenta mil.

Y la definitiva: el modelo de datos no se parece a tu negocio. Si vendes servicios recurrentes y la herramienta solo entiende oportunidades que se ganan o se pierden, cada mes estarás forzando la realidad para que quepa en unas casillas que no la contemplan.

Lo que hicimos nosotros

Predicamos con un ejemplo propio, con lo bueno y lo malo.

En Pango llevábamos el pipeline comercial en Pipedrive y el resto del negocio repartido entre hojas de cálculo, correos y la cabeza de varias personas: las horas de cada proyecto, qué cliente iba a facturar qué, en qué punto estaba cada propuesta. Construimos nuestro propio sistema, PangoJira, y hoy ahí dentro están el CRM, el pipeline, las horas, la facturación y el seguimiento de cada proyecto con su responsable.

Lo bueno: cuando el proceso cambia, el sistema cambia esa semana. Los formularios de la web entran directamente como leads sin pegamento entre herramientas. Y no pagamos por usuario cada vez que entra alguien nuevo.

Lo malo, porque también lo hay: es nuestro. Cuando algo falla, no hay soporte al que escribir. Esa es exactamente la decisión que se toma, y hay que tomarla con los ojos abiertos.

Cómo decidirlo en una semana, sin filosofía

Si estás en la duda, esto se resuelve con cuatro cosas concretas:

Uno. Que cada persona del equipo escriba las cinco cosas que hace a diario con la herramienta. Cinco, no veinte.

Dos. Marca cuáles de esas cinco hace bien el sistema, cuáles hace a medias y cuáles se hacen fuera, en una hoja aparte o en un cuaderno.

Tres. Pon precio a tres años: licencia por usuario multiplicada por el equipo y por treinta y seis meses, más la implantación que ya pagaste, más las horas de los apaños.

Cuatro. Pide presupuesto de lo que costaría construir solo lo que has marcado como «a medias» o «fuera». No todo el CRM: esa parte. A veces la respuesta no es sustituir nada, sino construir la pieza que falta y dejar la licencia donde está.

Con esos cuatro números encima de la mesa, la decisión se toma sola. Y si sale que comprar sigue siendo lo tuyo, perfecto: habrás dejado de pagar por la duda.

Nosotros construimos este tipo de sistemas para negocios que venden en internet: el ERP que junta pedidos, márgenes y horas, la pieza que le falta a la herramienta que ya tienes, o la integración que hace que dos sistemas dejen de contarse mentiras. Si estás en el punto del vídeo —pagando una licencia que tu equipo esquiva con una hoja de cálculo—, cuéntanoslo y hacemos esos cuatro números contigo.

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